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¿Un Presidente todopoderoso?

Una de las banderas con que gobernó el priismo, desde su conformación hasta que perdió la presidencia en el año 2000, fue el paternalismo; es decir, la idea de un Presidente todopoderoso. Solo el Presidente podía solucionar problemas o solo a través de conexiones vinculadas a determinados funcionarios. Esos gobiernos priistas no se ocuparon de institucionalizar al país; es decir, de generar los cauces adecuados dentro de las instituciones, para que la población pudiera acceder a programas sociales o interponer quejas o denuncias sin necesidad de “intermediarios”, que en realidad eran parte de un entramado de corrupción.

Las administraciones de Vicente FoxFelipe Calderón y Enrique Peña Nieto avanzaron, no a la velocidad deseada, en la institucionalización del país. En esos 18 años se empezó a cambiar, no sin resistencias, la idea de que el Presidente podía hacerlo todo o no hacerlo. Se invirtió en la creación de organismos desconcentrados y con autonomía de gestión que democratizaran la toma de decisiones al interior del gobierno. Asimismo, los avances en materia de transparencia y acceso a la información han puesto límites a la discrecionalidad con que operaban algunos programas, sobre todo, de desarrollo social. Y esto vino de la mano con las agencias encargadas de evaluar las políticas de gobierno.

Las resistencias ahí han estado, dentro y fuera del gobierno, no obstante, fuimos avanzando en la dirección adecuada. Si bien no se ha logrado materializar el Sistema Nacional Anticorrupción, clave en la democratización de las instituciones y en acabar con la idea del paternalismo centrado en personajes, sí hubo avances –sobre todo– en cambio de mentalidad de la población. El gobierno lopezobradorista está trayendo de regreso la idea de un personaje todopoderoso que puede resolverlo todo, sin ayuda de las instituciones, sin si quiera la asesoría de su gabinete. El culto a la personalidad es muy peligroso, no solo atenta contra los avances democráticos que hemos tenido en México, sino que le regresa a la población la idea de que solo con “palancas” se puede acceder o solicitar programas al gobierno.

No se entiende –por ejemplo– la necesidad de que un Presidente esté poniendo en la agenda pública temas como la subasta de bienes asegurados al crimen organizado. Un Presidente debería velar por el desarrollo del país, por generar mejores condiciones de vida para poblaciones vulnerables, mejor educación, yo que sé, pero no para presumir este tipo de “logros”. Esto es política barata.

No puede contarse como logro de un gobierno vender la casa asegurada a Zhenli Ye Gon. Esa venta es un tema de las instituciones del gobierno, ni siquiera del quehacer de alguna secretaría, sino de organismos secundarios, como el Servicio de Administración y Enajenación de Bienes. Lo único que está generando el Presidente es mantener, en el imaginario colectivo, la idea de que solo él puede hacer que el gobierno actúe, en lugar de avanzar en la institucionalización de la toma de decisiones en la administración pública. Esto es seguir atentando contra la democracia y contra las instituciones.

 

Ricardo Solano Olivera, MSc.

 

Columna originalmente publicada en https://laopinion.de/2019/07/30/un-presidente-todopoderoso/.

 

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