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Un cobarde ataque

La primera vez que visité el Cefereso número 16 “CPS-Morelos” fue a finales de 2015, poco antes de que las mujeres que estaban internas en los centros penitenciarios federales de Islas Marías y Nayarit fueran trasladadas a este penal. Así, con la atropellada –por decir lo menos– reubicación de las mujeres privadas de la libertad al Cefereso número 16, éste se convirtió en el único centro penitenciario femenil a nivel federal. Las instalaciones de este centro penitenciario son de la mayor calidad, tanto para las mujeres como para los niños que viven con sus madres.

No obstante, no importaría que la infraestructura del centro fuera de la más alta calidad si la administración del centro no estuviera al nivel. Si algo distingue al Cefereso número 16 es su personal. Si bien el iniciar operaciones fue complicado, a lo largo de estos casi cuatro años se han generado condiciones que favorecen la reinserción social de las internas. Las directoras del centro son, ante todo, humanas en su trato con las mujeres privadas de la libertad.

Conozco las acciones que llevan a cabo en favor de las mujeres que tienen problemas de salud mental, poniendo todo su esfuerzo en encontrar formas de colaborar con instituciones que puedan atenderlas y generando condiciones para que ellas no atenten contra sí mismas en reclusión. También, han encontrado formas para que las internas que se encuentran en una relación sentimental con otras mujeres internas puedan mantener su relación, sin que ello signifique violaciones al reglamento. Se promueve que los hijos de las internas vayan a convivir con sus madres para lo que les organizan eventos especiales los días de Reyes Magos, de las Madres, o del Niño. Incluso se hacen colectas para recabar juguetes para que ellas puedan dar regalos a sus hijos cuando las visitan en estas fechas. Cuando las autoridades buscan hacer eventos especiales como una videollamada con el Papa o un torneo de box, se decantan con este centro penitenciario por lo bien que funciona. Todo gracias a su personal.

Las buenas condiciones, sin decir que son perfectas, en que viven las mujeres privadas de la libertad distan enormemente de las condiciones del personal, en su mayoría –por obvias razones– mujeres también. Usan los mismos uniformes que los hombres, viven alejadas de sus familias y padecen –casi– la misma reclusión que las internas, ven a sus hijos un par de veces al año, dejan el derecho a los servicios del ISSSTE a sus familias, por lo que ellas se quedan sin seguridad social y atención médica, trabajan turnos de 24 por 48 horas, aunque es común que tengan que extender sus horarios de trabajo. Por si fuera poco, sus vidas están en constante peligro.

Así se demostró el pasado viernes, cuando un comando armado atacó a personal de este centro cuando se disponían a abordar uno de los camiones que los transportan hasta el Cefereso en Puente de Ixtla, Morelos. Hasta el momento, se reportan cinco muertes. Desconozco aún el nombre de las personas que perdieron la vida, las y los haya conocido o no, mi admiración y reconocimiento a su importante labor y sacrificio, mi más sentido pésame a sus deudos. Al gobierno, urge se retome la implementación de un servicio de carrera profesional para el personal penitenciario; no podemos permitir la reducción de sus prestaciones, hay que mejorar sus condiciones laborales y darles la seguridad que sus funciones ameritan. Que no quede impune tan cobarde ataque.

 

Ricardo Solano Olivera, MSc.

 

Columna originalmente publicada en https://laopinion.de/2019/05/14/un-cobarde-ataque/.

Photo by David von Diemar on Unsplash

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