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¿Escenario adverso para las energías limpias en México?

La Agenda para el Desarrollo Sostenible 2030, como hemos mencionado, plantea una serie de objetivos para generar metas claras, medibles y cuantificables para el bien de la humanidad, y en su séptimo objetivo propone transitar del uso de energías fósiles a “energía asequible y no contaminante”. Así, busca que los gobiernos y empresas migren al uso de energías sustentables, entendiendo ésta como la energía producida y utilizada con procesos de bajo impacto ambiental y que estará disponible para futuras generaciones,

Dicho objetivo nace a partir de que la economía global sigue dependiendo de combustibles fósiles -petróleo, gas natural y carbón- y el aumento de emisiones de gases de efecto invernadero está generando afectaciones en el sistema climático. Nuestro país, al adoptar al Agenda 2030, estableció una serie de lineamientos para transitar hacia una economía baja en carbono, entre ellos, la estrategia de Transición para Promover el Uso de Tecnologías y Combustibles más Limpios, en donde se establece que, para el 2024, el 35% de la energía utilizada vendrá de fuentes limpias.

A pesar de esto, México sigue generando la mayor parte de la energía a partir de la quema de combustibles fósiles y, aunque se cuenta con los instrumentos legales adecuados para lograr una transición al uso de energías limpias, podrían no estarse aplicando. En este sentido, recientemente, se canceló la licitación para la línea de transmisión que transportaría energía eólica producida en el Istmo de Tehuantepec. Asimismo, se canceló la licitación relativa a la adquisición de energías limpias, bajo el argumento de que se revisarían sus objetivos y alcances. Posteriormente, se anunció un pedido emergente, por parte de CFE, de carbón a productores coahuilenses por 360 mil toneladas. Dichas acciones han generado incertidumbre y descontento en la iniciativa privada, ya que las implicaciones pueden llegar hasta la inhibición de las futuras inversiones del sector privado en esta industria.

La industria de energías limpias en México ha crecido de manera exponencial con la reforma energética. Por ejemplo, la generación de energía solar aumentó un 190% y la eólica 60% a partir de la reforma. Este crecimiento se traduce en inversiones que, en 2019, ascenderán a 6 mil 600 millones de dólares.

Este cambio de rumbo en la política energética no solo podría retrasar el cumplimiento de la agenda 2030 y las metas del plan de transición energética, sino que genera incertidumbre en las inversiones privadas dentro de la industria energética sustentable. Tal es el caso de Iberdrola, empresa de generación de energía eólica que planea invertir 5,000 millones de dólares durante los próximos seis años, pero dicha inversión dependerá de la certeza de la nueva politica de planeación energética, afirmó Enrique Alba, director de la empresa.

 

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Photo by Juan Encalada on Unsplash

Riesgos de la industria sustentable, ¿los bioplásticos son el camino a seguir?

Recientemente en México se constituyó la empresa Biofase. Esta empresa ha logrado procesar semillas de aguacate para convertirlas en un polímero que se puede utilizar para crear productos para los cuales normalmente se utilizaría plástico convencional, e.g., popotes o bolsas.

Esto nos debe recordar que aún hay muchos avances pendientes en materia de reciclaje de polímeros artificiales. Según un informe del World Economic Forum, solamente el 14% de los 141 millones de toneladas de plástico generadas en 2015 fue reciclada. Por ello, los llamados bioplásticos se ven con gran optimismo ya que parecen ser una alternativa ante la lentitud del desarrollo de la economía del reciclaje. Compañías, como Biofase están utilizando desperdicios como su principal insumo, lo cual no solo reduce los costos de producción, sino que vuelve sustentables sus negocios. Incluso, si se logran precios suficientemente competitivos, podrían convertirse en productos de exportación.

Sin embargo, la expansión de esta industria y la posible masificación del consumo de bioplásticos también enfrentan riesgos; es decir, si bien hay beneficios operacionales y ambientales, también existe la otra cara de la moneda. Uno de estos riesgos es la “ultraespecialización en monocultivos” que las prácticas sustentables generalmente utilizan.

El aguacate -por ejemplo- sólo se puede cultivar en regiones de condiciones geográficas muy específicas. No es sorprendente que 85% de la producción del aguacate en México esté concentrada en sólo una de sus entidades federativas (Michoacán). Ya se conocen los efectos de esta especialización, hemos presenciado picos en el precio del aguacate debido a la combinación de varios factores como el aumento de la demanda en Estados Unidos, huelgas de trabajadores agrícolas y la depreciación del peso frente al dólar.

Si bien para la producción de bioplásticos a partir del aguacate solo se utilizan las semillas, no tenemos claro qué podría pasar ante un escenario de escasez que conlleve una disminución significativa de estos insumos. Por otro lado, los residuos que se utilizan, en este caso del aguacate, son aquellos que por no cumplir especificaciones no se puede vender para consumo humano o de empresas que procesan el fruto. Es decir, no es un reciclaje a gran escala donde se recojan las semillas de la basura que desechamos en nuestra vida diaria.

Sin embargo, es difícil conocer los efectos en bioplásticos que no se generan a partir de desechos, sino de plantas y, en muchos casos, productos agrícolas comestibles para el ser humano como trigo, nopal, papa, entre otros. Según un reporte de la empresa Europlas, productora de bioplástico, más de 60% del bioplástico en el mercado proviene de fuentes alimenticias.

Ya estamos presenciando un aumento en la demanda por estos llamados ‘productos sustentables’ y se puede inferir que la demanda por bioplásticos crecerá conforme su disponibilidad aumente y se vuelvan productos económicamente más accesibles. Esta expectativa del aumento en la demanda presenta grandes incentivos a productores agrícolas a especializar sus cultivos para satisfacer los requerimientos de esta incipiente industria. Así, podría ocurrir el fenómeno de la proliferación de monocultivos.

Este escenario ya se ha materializado en regiones de Sudamérica donde se produce quinoa. La demanda por quinoa en países desarrollados aumentó porque ayuda a cumplir con los requerimientos proteicos diarios de personas veganas. El precio de la quinoa aumentó a tal grado que comunidades empobrecidas y que basaban su consumo en esta semilla ahora no pueden pagarla, vulnerando así la seguridad alimentaria en países como Perú y Bolivia.

La proliferación en monocultivos puede derivar en la ultraespecialización de la mano de obra agrícola y en la aceleración de mutaciones de pestes que dañan a los plantíos. Ambos efectos son factores de riesgo que fragilizan las cadenas de suministro alimenticias y – como consecuencia – vulneran la seguridad alimentaria.

La sustentabilidad es la práctica de lograr un equilibrio entre la explotación de recursos, la capacidad del medio ambiente de regenerarse y la necesidad humana de desarrollo económico y social. Empresas y gobiernos tienden a enfocarse en lograr la sustentabilidad, pero también es necesario que analicen los riesgos inherentes a la implementación de prácticas sustentables. La sustentabilidad es una oportunidad para la preservación y protección del medio ambiente sin sacrificar el desarrollo humano; pero, del otro lado de la moneda, están los riesgos y efectos secundarios que pueden magnificar el problema de consumo insostenible en lugar de mitigarlo.

El equipo de Riesgos Políticos está comprometido con la responsabilidad social con el medio ambiente; creemos que las prácticas sustentables no sólo son responsables, sino una excelente oportunidad empresarial. Sin embargo, detrás de cada oportunidad existen riesgos. Si tu organización quiere analizar estos riesgos, comunícate con nosotros al correo info@riesgospoliticos.com.mx.

 

 

Photo by Noah Buscher on Unsplash