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Desabasto de gasolina, oportunidad que aprovechó KCSM

Durante el mes de enero se vivió una crisis de desabasto de gasolina. Más de 10 estados se vieron afectados por el plan del gobierno de México para combatir el huachicoleo, estrategia que buscaba disminuir el robo de hidrocarburos. Parte estratégica del plan fue cerrar las válvulas de los ductos que transportan gas, crudo y gasolina, lo que generó problemas con el abasto de combustible. En la Ciudad de México fueron 85 de las 400 gasolineras las que registraron un problema. México tiene 17,000 kilómetros de ductos que pertenecen a Petróleos Mexicanos (PEMEX) y es en estas redes donde principalmente ocurre el robo de hidrocarburos. En el 2018, estos robos costaron al Estado mexicano 60,000 millones de pesos.

Gracias a la reforma energética del 2013, el sector petrolero mexicano se abrió a la inversión privada, permitiendo que diversas empresas pudieran subarrendar ductos mexicanos, lo cual les genera considerables ahorros en gastos de transporte, es decir se logró generar condiciones de competencia. Pero con el cierre de estos, tuvieron que buscar otra alternativa para transportar la gasolina. PEMEX, en su caso, reorganizó su cadena de abasto trasladando miles de litros de gasolina en pipas. Este desabasto representó la primera crisis del gobierno, sin embargo, una empresa supo aprovechar esta crisis y logró utilizarla a su favor, aumentando sus ventas.

Kansas City Southern de México (KCSM) es una empresa ferroviaria dedicada al trasporte de carga y fue aprovechada como una de las opciones más seguras y de menor costo -inclusive que las pipas- para hacerle frente al desabasto de gasolinas. Esta empresa es una de las opciones más atractivas para el mercado – dada la falta de infraestructura privada para almacenar gasolinas y trasportarla vía ductos- y está invirtiendo para contar con un centro de almacenamiento en San Luis Potosí que contará con una capacidad de 300 mil barriles. De tal manera que los ahorros en el transporte de gasolina pueden llegar a ser de hasta un 25% en relación con el uso de pipas, además de que esta opción representa una opción más segura comparada con el uso de los ductos.

KCSM cuenta con una alianza estratégica con ExxonMobil, empresa petrolera texana, con la cual importó un total de 2.6 millones de barriles entre 2017 y 2018. En febrero, como respuesta a la crisis, KCSM tuvo un incremento de 135% del volumen de gasolina importada a través de sus trenes. Y, de acuerdo con el presidente de KCSM, José Guillermo Zozaya, se espera que las importaciones sigan aumentando ya que empresas -principalmente internacionales- no quieren volver a tener un problema de desabasto; por lo que ya sumó a Total S.A. como nuevo cliente.

Una de las ventajas que presenta KCSM es que su red es internacional, lo cual la coloca como líder en el transporte ferroviario de gasolina en México. Además, cuenta con una infraestructura adecuada para el uso de tecnología avanzada y forma parte del Asset Health Strategic Initiative, la cual busca reducir las interrupciones del servicio mecánico, mejorar la calidad de la inspección de los vagones y aumentar la eficiencia de los talleres ferroviarios. Asimismo, utilizan 400 drones para vigilar las rutas más conflictivas y monitorean todos los trenes a través de múltiples filtros de seguridad. Estas medidas de seguridad han permitido que la empresa solo tenga un 0.02% de vandalismo.

De esta manera KCSM fue capaz de sacar ventaja de la crisis del huachicol y se colocó como la opción más segura y económica para la transportación de gasolina. Todo gracias a una estrategia de seguridad avanzada, el uso de tecnologías y la correcta implementación de protocolos internacionales en la materia.

 

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Photo by Samuel Fyfe on Unsplash

¿Qué significaría cancelar la reforma energética?

En 2013 se llevo a cabo la reforma energética, misma que significó la apertura del sector a la inversión nacional y extranjera, generando mercados competitivos en toda la cadena de valor de hidrocarburos y electricidad. Si bien su principal objetivo estaba en el desarrollo de la industria petrolífera -buscando un desarrollo en infraestructura de exploración y extracción requerida- también se promovió la generación de energías limpias y la energía eléctrica, impulsando el desarrollo con responsabilidad social y protección al medio ambiente.

El cambio más visible que trajo la Reforma Energética fue la llegada de más de 50 nuevas marcas de gasolineras que hoy compiten con PEMEX, entre las cuales podemos mencionar Eni, Total, Shell, y DEA Deutsche Erdoel. Asimismo, existe más de un centenar de empresas que intentan participar en los diferentes eslabones de la cadena petrolífera: exploración, extracción, transporte, y logística. En colaboración con estas empresas se han logrado los primeros hallazgos de crudo en aguas someras del Golfo de México.  Y en cuanto a la industria eléctrica, 42 empresas buscan construir nuevas centrales en 19 entidades del país que, se estima, tendrá una capacidad de generar hasta 7.6 megawatts. Asimismo, se tienen contemplados 213 proyectos enfocados en energías limpias. Dentro de estos destacan proyectos solares, eólicos, hidroeléctricos, geotérmicos y de biomasa. Se espera que para el 2024 el 43% de la electricidad en el país provenga de fuentes limpias.

Según datos de la Secretaría de Energía (SENER), a marzo del 2018, la reforma energética había detonado inversiones públicas y privadas por más de 200,000 MDD. De continuar este grado de inversión, se espera que en los próximos 5 años la industria energética en México demandará más de 200,000 puestos de trabajo especializados en digitalización, avances en el uso de maquinarias, equipos y procesos industriales, de acuerdo con datos de Pedro Borda, expresidente ejecutivo de la Asociación Mexicana en Dirección de Recursos Humanos.  A fin de satisfacer esta demanda, México deberá poner énfasis en que las universidades provean de profesionistas capacitados en estas materias.

Sin embargo, con la entrada del nuevo gobierno, la llamada reforma energética ha sido una de las más expuestas a enfrentar cambios. El presidente Andrés Manuel López Obrador mencionó en días recientes que quienes impulsaron la reforma energética cometieron un error, lo que ha generado especulación acerca de su futuro y, si bien no se ha detenido la reforma, sí se detuvieron las licitaciones para la exploración de campos petrolíferos. Asimismo, la administración federal comunicó que se encuentra revisando proyectos por presuntas prácticas de corrupción. Las políticas implementadas por el actual gobierno hacen suponer una posible cancelación de la reforma energética, lo que podría acarrear significativas consecuencias ya que, según expertos, es complicado que México siga teniendo el nivel de inversión que ha mantenido hasta ahora sin ella.

Por otro lado, la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México y la baja en la calificación crediticia de PEMEX por Fitch ponen en alerta a los inversionistas sobre las condiciones que prevalecen en México para la iniciativa privada. Como lo menciona José Enoch Castellanos, próximo presidente de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (CANCINTRA), México no puede darse el lujo de dar marcha atrás a la reforma energética ya que hay riesgo latente de caer en desabasto de gasolina, gas natural, gas LP e incluso energía eléctrica. Así, México no tendría la viabilidad en el corto plazo de proveer la demanda de energía sin el apoyo de la iniciativa privada.

Aunado a esto, se anunció un plan para rescatar a PEMEX, el cual consiste en una inyección de recursos a la petrolera por 107 MMDP y un incentivo fiscal por 15 MMDP. Dicho plan fue considerado como “insuficiente” por parte de bancos y calificadoras tales como BBVA Bancomer, Citi Banamex, Fitch Ratings y JP Morgan, quienes concluyeron que las medidas tomadas por el presidente ayudarán a que no aumente la deuda de la empresa, pero no ayudará a aumentar la producción de la compañía ni a que esta se vuelva eficiente o rentable.

De manera internacional, el panorama es complicado ya que la Organización Mundial del Comercio señaló que el comercio mundial de bienes ha estado en su nivel más bajo en nueve años lo que supone una desaceleración de la economía global; la guerra comercial entre EE.UU. y China ha golpeado las expectativas de crecimiento económico mundial, sacudido a los mercados financieros e interrumpido cadenas de suministros del sector manufacturero. Aunado a esto persiste, la incertidumbre en torno a la salida de Reino Unido de la Unión Europea; la economía británica es la quinta más grande a nivel mundial y aún no están claros los daños a las finanzas internacionales de concretarse el Brexit. Es decir, el entorno económico es sumamente incierto a mediano plazo, lo que nos lleva a la pregunta ¿De qué manera México podrá enfrentar esta incertidumbre global si bloqueamos la inversión en los sectores clave para nuestro crecimiento, como el energético?

Estamos ante un escenario donde la inversión se vislumbra débil y la desaceleración de la economía global habrá de impactar la economía mexicana. Para hacer frente a este panorama es necesario que el gobierno considere las realidades financieras de la petrolera, del sistema económico mundial y de las condiciones internacionales del sector.  De lo contrario ¿de donde vendrán los energéticos para mantener el sector industrial e incentivar la inversión?

 

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Photo by Raul Petri on Unsplash

La deuda de PEMEX, ¿impagable?

Las agencias calificadoras de créditos, vale la pena recodar, fueron en parte responsables por la crisis financiera de 2007. De ahí que se reputación se haya visto mermada y hasta hayan sido atacadas. En aquella ocasión, se les tachó de ser jueces y parte al calificar positivamente los fondos de inversión que contenían hipotecas impagables, las llamadas subprime, ya que se beneficiaban económicamente por los pagos que recibían de los bancos por estas calificaciones. Es por lo anterior que aún cuando las calificadoras son entidades importantes en el sistema financiero internacional, no están exentas de cometer errores y dejarse arrastrar por presiones políticas.

Estas agencias calificadoras también asignan calificaciones a las deudas soberanas de los países y a sus paraestatales, divididas en aquellas de largo y de corto plazo. Las calificaciones crediticias de largo plazo se asignan a lo largo de una escala alfabética dividida en dos grupos. El primero es “Grados Bonos de Inversión”, que van de las AAA a BBB, donde AAA es la mejor y BBB la más baja. El segundo grupo es “Sin grado de inversión” o “Bono basura”, y van de las calificaciones BB a D. Todas estas calificaciones cuentan con sus respectivos intermediarios con los modificadores +/- para cada categoría.

A finales del 2018, Pemex tenía una deuda de más de 2,000 millones de pesos, derivada de la colocación de bonos y adquisición de otros instrumentos crediticios. Cabe mencionar que el 81% de estas obligaciones financieras está referenciada en dólares ya que, gracias a la exportación de crudo, PEMEX prefiere solicitar deuda en esta moneda.

El pasado 28 de enero de 2019, Fitch Rating, una de las principales calificadoras crediticias a nivel global, degradó de BBB+ a BBB- la deuda de Pemex, un grado cerca de empezar a ser considerado “bono basura”. Esta baja crediticia aplica aproximadamente a 80 MMD de deuda. Lo anterior se debe a que Fitch estima que PEMEX tendrá flujos de efectivo negativos de entre 9,000 y 14,000 millones de dólares entre 2018 y 2019.

Fitch advirtió -asimismo- que los programas anunciados por el gobierno para apoyar las finanzas de Pemex no son suficientes para contrarrestar el deterioro del perfil crediticio de la paraestatal. Las dificultades financieras, menciona la calificadora, pueden interrumpir el suministro de combustible, lo que tendría grandes consecuencias sociales y económicas para el país.

El subsecretario de Hacienda y Crédito Público, Arturo Herrera Gutiérrez, dijo en conferencia de prensa que la disminución en la calificación no sorprende al gobierno mexicano, dado que ya se había observado un bajo desempeño de Pemex, pero sí preocupa. El 31 de enero, el presidente Andrés Manuel López Obrador acusó a la calificadora Fitch de hipócrita y cómplice del saqueo a Pemex y del bajo crecimiento del país. Afirma que, a pesar de considerar importante los comentarios de estos organismos calificadores, “no son jueces infalibles” y siempre se puede disentir. Si bien esta acusación del presidente es imprecisa, ya que las calificadoras no impactan en la eficiencia o falta de ella en la administración de las empresas, sí es muestra de mala reputación que estas agencias han ido adquiriendo por lo antes señalado. Por otro lado, la Bolsa Mexicana de Valores sufrió una pérdida de 0.11% como consecuencia de este escenario adverso de Pemex.

Con certeza, podemos hablar de un ambiente financiero complicado en el corto plazo si la baja en la calificación es secundada por otras calificadoras, situación que a la fecha no ha tenido lugar. Así, las tasas de interés podrían aumentar por el incremento de los riesgos financieros de la empresa pública más grande de México y, vale la pena considerar, la petrolera más endeudada del mundo, de acuerdo con un reciente reporte de la agencia Moody’s. El panorama para que Pemex pueda salir del ciclo financiero adverso se ve lleno de retos y esto genera mayores presiones a la economía mexicana y podría reducir los recursos para los programas de gobierno, sobre todo aquellos que son asistencialistas.

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Photo by Zbynek Burival on Unsplash