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Lobos solitarios, nuevo dilema para las agencias de inteligencia

El 15 de abril de 2013, dos terroristas de origen checheno – los hermanos Tsarnaev – detonaron dos bombas en un edificio a un costado de la línea de la meta del Maratón de Boston dejando tres personas muertas y 282 que resultaron heridas, muchas de gravedad. El 30 de abril del año siguiente, el Senado de Estados Unidos convocó a una audiencia para evaluar el trabajo de las agencias de inteligencia, la forma en que éstas colaboran y determinar si hubo alguna responsable en no haber evitado el atentado. La Comisión del Senado encargada de la audiencia determinó que hubo poco que las agencias de inteligencia pudieron hacer para evitar el atentado, incluso contando con facultad para extracción y análisis masiva de datos como estipula la PATRIOT Act.

La mayor crítica a las agencias, particularmente al FBI, fue no haber aprovechado la oportunidad de detener a uno de los hermanos Tsarnaev en 2012 cuando el gobierno de Rusia les alertó sobre la posibilidad de que estuviera planeando un ataque terrorista. Una vez pasada esta oportunidad, según la Comisión del Senado, poco podían hacer para detenerlo.

Después de los traumáticos ataques 11 de septiembre y de las acciones que tomaron las agencias de seguridad para evitar que ocurriera de nuevo, es importante notar que el Senado fue bastante flexible en su determinación de que los ataques de Boston no pueden ser atribuidos a fallos de las agencias de inteligencia ¿por qué?

Los mecanismos para el combate al terrorismo del siglo XXI están pensados para contrarrestar eventos como los ataques del 11 de septiembre. Las técnicas vigentes en la prevención del terrorismo dependen de técnicas que ubican a atacantes al interior de una red terrorista. Es decir, para identificar sus motivaciones ideológicas y así anticipar ataques e incluso erradicar a líderes clave. Sin embargo, los terroristas de Boston no corresponden a la ideología de una célula terrorista en particular. Posterior a los ataques de Boston, el FBI realizó una investigación para identificar el grupo terrorista al que pertenecían los hermanos Tsarnaev sin hallar ningún vínculo importante.

A este tipo de terroristas se les denomina lobos solitarios. Son individuos que se auto radicalizan sin ser militante de una estructura terrorista. De hecho, la mayoría de los lobos solitarios son autodidactas en la preparación de atentados terroristas gracias al acceso a Internet.

Los millones de dólares gastados en contraterrorismo fueron insuficientes para evitar que dos individuos detonaran un par de bombas hechas con artículos para el hogar. Adam Schiff – congresista y miembro del Comité de Inteligencia – argumentó que, para que el FBI se percatara de la radicalización de los hermanos Tsarnaev, habría tenido que recurrir a técnicas de vigilancia que el Departamento de Justicia no le autoriza. Esto presenta un gran dilema para los valores democráticos de Estados Unidos ya que, para capturar a lobos solitarios, su gobierno debe recurrir a medidas que sobrepasen sus límites constitucionales para la protección de libertades individuales.

Por ejemplo, PRISM – un programa de vigilancia autorizada para la recolección masiva de datos personales – puede informar a las agencias de inteligencia si un vecindario tiene propensión a la radicalización. Sin embargo, a pesar de la enorme cantidad de datos, las inferencias sobre la propensión a la radicalización de una comunidad siguen siendo resultado de un sistema computacional y no de un análisis sobre el historial o rasgos de personalidad de un individuo. Si se acepta la premisa de que cualquier miembro de uno de estos vecindarios es un terrorista en potencia, se pueden justificar medidas preventivas para la detención de individuos en estos vecindarios para proteger la seguridad nacional. Es decir, con los métodos para la identificación y captura de terroristas vigentes, solamente se pueden anticipar las acciones de individuos si se impone el Estado sobre las libertades civiles del individuo como son el derecho a la privacidad.

El límite es claro cuando se trata de una red terrorista conformado por individuos externos. Sin embargo, ¿cuál es el límite si la amenaza proviene desde el interior de un país democrático? ¿Existe un límite si cualquier ciudadano es un terrorista en potencia? Y, dada la experiencia en Boston, ¿es válido expandir la discrecionalidad de las agencias de inteligencia? ¿Tiene fundamento legal registrar y vigilar a ciudadanos en comunidades con propensión a radicalización? ¿Está justificado extralimitar las labores de inteligencia en el exterior con tal de no violentar libertades individuales en su propio país?

Gracias a las herramientas de investigación con las que cuenta el FBI, pudieron identificar a uno de los hermanos Tsarnaev como sospechoso de la comisión de delitos, pero no así ubicarlo como un terrorista en potencia. Rusia, en cambio, identificó su proceso de radicalización gracias a que le dio seguimiento a su viaje por Chechenia (región convertida en semillero de islamismo extremista en años recientes).

Existen experiencias a nivel mundial que vale la pena mencionar puesto que han mostrado su efectividad en procesos de desradicalización sin generar amenazas a los derechos humanos de las personas. Dado que los lobos solitarios tienden a radicalizarse en su propio país, existen programas que colocan el comportamiento radical como manifestación de actividad criminal y no como característica de un grupo social. Esto permite prevenir el terrorismo sin la necesidad de elegir tajantemente entre salvaguardar libertades individuales o la seguridad nacional.

Existe evidencia de que una adecuada coordinación entre sociedad civil y gobierno permite prevenir el terrorismo al identificar a individuos que han iniciado un proceso de radicalización e instruirlos en formas de expresar sus motivaciones religiosas dentro de un marco legal y democrático. A su vez, la sociedad civil no sólo contribuye a combatir la radicalización, sino a proveer información valiosa al gobierno sobre los casos que requieren atención con mayor urgencia.

Tal es el caso de Aarhus, una ciudad en Dinamarca de la cual salieron 30 habitantes en 2013 para unirse al Estado Islámico y que para 2015 no reportó ningún caso. Su programa de desradicalización incluye iniciativas como talleres de reintegración social, atención psicológica, asesoría a padres de familia y foros de diálogo con comunidades musulmanas; todas en las cuales participan conjuntamente organizaciones religiosas, civiles y gubernamentales. Es un ejemplo de un programa exitoso de combate a la radicalización sin que implique una supervisión cuasi totalitaria por parte de agencias de inteligencia y policiacas. A su vez, implica la participación de sociedad civil con gobierno para la identificación de patrones de violencia lo cual, a su vez, fortalece el valor democrático de la participación cívica.

De cualquier manera, es importante que los gobiernos y empresas del siglo XXI tengan en consideración el ataque en Boston como un ejemplo importante de cómo las motivaciones políticas de un grupo pequeño – incluso un individuo – pueden desconcertar y tal vez paralizar a grandes aparatos de seguridad de los Estados.

 

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Nueva Ruta de la Seda ¿China dominará el mundo?

En 2013, el presidente de China, Xi Jinping, presentó un proyecto que contempla el desarrollo de infraestructura para facilitar el intercambio de mercancías a través de corredores terrestres y marítimos alrededor del mundo. Actualmente, 80 países participan en este proyecto, cuyo el nombre oficial es “Belt and Row Initiative”, haciendo referencia a la antigua ruta de la seda usada en tiempos de la dinastía Han, en el siglo I AC. Esta iniciativa consiste en el financiamiento por parte del gobierno chino de infraestructura alrededor del mundo a cambio de beneficios políticos, comerciales y estratégicos

China es la segunda potencia económica del planeta y, según expertos, posee el potencial para convertirse en la potencia comercial más importante del mundo. China pasó de ser uno de los países más empobrecidos del mundo, después de las políticas de Mao Zedong “Un Paso Adelante” y la “Gran Revolución Cultural”, a ser el principal acreedor de países en vías de desarrollo para la construcción de infraestructura.

Dentro de los objetivos la Nueva Ruta de la Seda se encuentran: facilitar el desarrollo regional eliminando barreras al comercio, aumentar las comunicaciones con los países limítrofes e incrementar el flujo de materias primas hacia China. Para cumplir con estos fines, se busca crear rutas marítimas y terrestres alternas a aquellas que actualmente se utilizan como, por ejemplo, el estrecho de Malaca y el canal de Suez, por donde atraviesa el 20% del comercio mundial.

Se estima que esta iniciativa pueda generar un mercado diez veces mayor que el estadounidense. Para cumplir con tan colosal meta se disponen de recursos del Nuevo Banco de Desarrollo (compuesto por los países BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), del Fondo Ruta de la Seda y del Banco Asiático de Inversión e Infraestructura (de origen chino). Asimismo, de cumplirse con los objetivos planteado, esta iniciativa añadiría 56,000 MDD a las exportaciones chinas y 61,000 MDD a las importaciones, sumas que representan el 36% del PIB mundial, según informes de la consultoría Euler Hermes. Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional advirtió que “resucitar la ruta de la seda… puede derivar también en un incremento problemático de la deuda, creando desafíos para la balanza de pagos”.

Una de las grandes ventajas de estos créditos chinos para financiar infraestructura es que son de carácter bilateral. Esto permite que los préstamos, a pesar de ser más caros, son más ventajosos y flexibles comparados con los préstamos que proveen instituciones multilaterales como el Banco Mundial. Ello hace que sean sumamente atractivos a países que tienen restricciones para acceder a los mercados financieros internacionales como -por ejemplo- Venezuela. Vale la pena mencionar que, si bien estos créditos chinos se dan con menos restricciones que otros, los condicionamientos siempre benefician a la economía china, por ejemplo, en el caso de Ecuador se estipuló que únicamente se trabajaría con empresas chinas para desarrollar de los proyectos con este país.

De acuerdo con Stephan Monier, Jefe de Inversiones de Lombard Odier, China ha encontrado la forma de adquirir un rol central a nivel global mientras que Estados Unidos lo está perdiendo derivado de la adopción de políticas proteccionistas. Así, esta iniciativa ha acentuado la rivalidad económica entre China y Estados Unidos, generando fricciones geopolíticas por la capacidad de influencia que ha ganado el gobierno chino en el concierto internacional.

Esta nueva área de influencia es resultado de que, con la Nueva Ruta de la Seda, China está reforzando e incrementando su presencia en Asia y Europa, es decir, lugares donde tradicionalmente era Estados Unidos quien ejercía influencia. Asimismo, China ha incrementado considerablemente su presencia en países africanos, donde financia la construcción de ciudades enteras en, por ejemplo, en Kenia, Guinea, y Etiopía. Así, este programa tiene implicaciones estratégicas para la política mundial ya que podría generar la legitimidad de acciones chinas, sobre todo en el Mar de Sur de China, donde existen tensiones con sus vecinos por su soberanía, por parte de la comunidad internacional.

Aún faltan muchos elementos por analizar para poder medir el grado de éxito de este proyecto. Sin embargo, los primeros pasos se han dado, el mundo tiene que estar preparando para aprovechar las ventajas que esto trae consigo y, al mismo tiempo, protegerse de las amenazas que conllevan un proyecto de esta magnitud.

 

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Photo by wu yi on Unsplash

¿Quién encabezará la candidatura demócrata a la presidencia de EE. UU. en el 2020?

Las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos (EE. UU.) serán en noviembre del 2020. Sin duda alguna, la posible reelección de Donald Trump junto con el debate que han generado sus políticas proteccionistas, anti-inmigratorias y aislacionistas, harán de estas elecciones unas de particular interés a nivel internacional. Ya se verá si el discurso de Trump ha echado raíces en el electorado estadounidense, más allá de la propia base republicana, o si bien su elección respondió a un momento histórico específico consecuencia de la crisis financiera de la década pasada y que contribuyó a generar una ola antiglobalización. Así, a partir de este escenario, el Partido Demócrata ha empezado a mover sus piezas y ya hay quienes han levantado la mano para abanderar a los demócratas en la carrera por la presidencia de nuestro vecino del norte.

Aunque aún no está definido, se espera que Donald Trump busque su reelección y sea el candidato del Partido Republicano en el 2020. Por tal motivo, temas como la construcción del muro en la frontera con México, el “Programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia” conocido como DACA, la separación de familias migrantes en la frontera, la reforma en salud denominada Obamacare, la adopción de acuerdos internacionales contra el cambio climático y aquellos en materia comercial, la reforma fiscal y los síntomas de desaceleración de la economía estadounidense, serán todos temas que se discutirán a lo largo de las primarias demócratas y -después- en las campañas.

Dicho esto, vale la pena realizar una lista de los demócratas que ya han manifestado su intención por buscar la candidatura de su partido a la presidencia; la cual, hasta al momento, se conforma por los siguientes políticos:

  • Kamala Harris, actual senadora por California, de madre india y padre jamaicano, raíces que la hacen particularmente cercana a la causa pro migratoria. Se desempeñó como Fiscal General de California de 2011 a 2017. Ha sido una de las voces más críticas de la administración Trump desde el Congreso.
  • Elizabeth Warren, senadora por Massachussets desde 2013, ha tenido una carrera meteórica en la arena política. Fue profesora de derecho en la Universidad de Harvard por más de 20 años. Ha sido crítica de las desigualdades del sistema económico estadounidense y del poder que ostenta Wall Street.
  • El senador por Nueva Jersey, Cory Booker, quien se desempeñó como alcalde de Newark entre 2006 y 2013. Es uno de los afroamericanos demócratas mejor posicionados para la contienda.
  • Sherrod Brown, senador por Ohio, es un abogado con amplia experiencia en el Congreso tanto federal como estatal. Es de los pocos políticos liberales con una carrera exitosa en el Medio Oeste de EE. UU., tradicionalmente conservador, por lo que tiene una buena popularidad entre el electorado; sin embargo, no tiene experiencia en la recaudación de fondos.
  • Kirsten Gillibrand, es senadora por Nueva York desde 2009 cuando Hillary Clinton dejó vacante ese escaño. En 2012 ganó su reelección con el 72% de los votos. De corte liberal, particularmente en temas migratorios y de venta de armas. Ha trabajado contra el acoso sexual y ha sido cabeza de movimientos como #MeToo y la marcha de las mujeres.
  • Julián Castro, alcalde de San Antonio, Texas, de 2009 a 2014 y secretario de Desarrollo Urbano y Vivienda de 2014 a 2017, durante la administración Obama. Es el latino mejor posiciones en las encuestas. Durante las campañas de 2016, se especuló que Hillary Clinton podría haberlo escogido como su candidato a vicepresidente.
  • Pete Buttigieg de 37 años, alcalde South Bend, Indiana, es veterano de la guerra de Afganistán. Se convertiría en el primer candidato presidencial abiertamente gay.
  • John Delaney es un político y millonario que en 2018 decidió no buscar su reelección como representante del 6° distrito de Maryland al Congreso estadounidense. Fue el primer demócrata en anunciar sus intenciones por contender por la presidencia de manera formal.
  • Tulsi Gabbard es representante por el estado de Hawái. Participó en las guerras de Irak y Kuwait. Se opone a quitar por la fuerza al presidente de Siria, Bashar Al Assad, y ha sido crítica de la política exterior de su país, particularmente de las guerras en Irak y Afganistán. Asimismo, estuvo en contra del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) .
  • Andrew Yang, de 44 años, es un emprendedor y fundador de Venture for America, organización enfocada a promover la labor de los emprendedores. Trabajó con Barack Obama como su embajador para emprendimiento global.
  • Amy Klobuchar, fue la primera mujer electa al Senado por el estado de Minnesota en 2006, habiéndose reelegido en 2012 y 2018. Su plataforma electoral incluye la atención médica universal, enmiendas constitucionales para anular decisiones de la Corte Suprema de Estados Unidos, adherirse a pactos internacionales contra el cambio climático, promover una legislación en materia de control de armas y reformar el sistema de justicia penal.

Sin embargo, también se espera que otros hagan públicas sus intenciones en los próximos meses, entre ellos se encuentran:

  • Joe Biden, quien tuvo una destacada carrera como senador por Delaware de 1973 a 2009, y luego como vicepresidente entre 2009 a 2017.
  • Bernie Sanders, que fuera precandidato presidencial en 2016, actualmente es senador por el estado de Vermont.
  • Michael Bloomberg quien es un empresario de los medios de comunicación y fue alcalde de Nueva York entre 2002 y 2013.

 

De lo que podemos estar seguros es que el Partido Demócrata hará un giro muy importante hacia la izquierda con quienquiera que sea su candidato por la presidencia en el 2020.

 

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Photo by Christopher Burns on Unsplash