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¿Cómo impacta el terrorismo a la economía global?

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos señala que se entiende por terrorismo a los actos de violencia dirigidos contra los civiles procurando objetivos políticos o ideológicos. Entre los ataques terroristas relacionados con el extremismo islámico más impactantes en lo que va del siglo XXI podemos mencionar los ataques en Nueva York (2001), Madrid (2004), Londres (2005), París (2015) y Bruselas (2016).

Los primeros atentados fueron reivindicados por el Al-Qaeda, mientras que los dos últimos fueron llevados a cabo por Daesh. Este grupo se autoproclamó Estado Islámico en 2014, cuando anunció la creación del Califato Islámico de Irak y Siria. Diversos fueron los factores que contribuyeron al surgimiento y posicionamiento de este grupo: la inestabilidad en Irak a raíz de la guerra con Estados Unidos, quien desmanteló las fuerzas de seguridad iraquíes, y el surgimiento de una guerra civil en Siria.

Daesh se caracterizó por perturbar a Occidente a través de la publicación videos donde miembros del grupo decapitaban a ciudadanos de sus países, entre ellos periodistas, soldados y activistas. Es considerado por las Naciones Unidas responsable de abusos y violaciones a los derechos humanos y crímenes de guerra. A pesar de esto, en el surgimiento de Daesh se mezclan intereses de distintos actores de la región. Por un lado, este grupo se identifica con el ala sunnita del islam, alineando su lucha con la de Arabia Saudita en contra de los chiitas de Irán. Tanto los saudís como los iranís pelean por mantener y expandir su área de influencia en Medio Oriente. Asimismo, Turquía y otros países de la periferia se han beneficiado del comercio ilegal del petróleo, fuente de recursos de Daesh, ya que controlaban los pozos petroleros de las regiones de Siria e Irak que estaban bajo su dominio.

De acuerdo con el Institute for Economics & Peace, durante el 2018, el terrorismo tuvo un impacto del 10% sobre el PIB mundial. En este sentido, las pérdidas en Irak ascendieron al 24% de su PIB, colocándolo como el país más afectado. A Irak le sigue Afganistán, con pérdidas del orden de 13% de su PIB, y en tercer lugar se encuentra Siria, con afectaciones del 6% de su PIB.

El impacto del terrorismo sobre la economía se hace más evidente en los países en vías de desarrollo. Sin embargo, afecta tanto a mercados locales como a mercados internacionales debido a que crea incertidumbre y, como regla general, los mercados son adversos a la incertidumbre. Así, la inversión extranjera tiende a reducirse en países emergentes afectados por el terrorismo. Asimismo, estos atentados generan presiones inflacionarias, incrementando los precios de los consumibles y de las materias primas, impactando negativamente tanto las exportaciones como las importaciones. Por otro lado, la globalización acentúa las afectaciones; por ejemplo, a raíz del surgimiento de Daesh, el mercado del petróleo sufrió especulaciones, lo que motivó el incremento del precio del crudo por más de cinco meses consecutivos. En este sentido, Daesh ha sido el grupo terrorista con más recursos económicos de la historia, llegando a generar ingresos de aproximadamente 2 millones de euros diarios gracias al tráfico ilícito de petróleo, sin dejar de mencionar el tráfico de órganos, secuestros, robo y tráfico de piezas arqueológicas.

Si bien es cierto que las fuerzas democráticas de Siria, sus aliados y Rusia han logrado recuperar las ciudades donde Daesh mantenía sus centros de operaciones, con lo que han reducido y mermado significativamente sus recursos, lo cierto es que la ideología detrás del grupo terrorista no se ha vencido. Eso es lo que vuelve peligroso el que -por ejemplo- Estados Unidos haya decidido retirar sus tropas de Siria por el supuesto vencimiento de Daesh, Es muy difícil “vencer” una ideología y siempre existe la posibilidad de que se reagrupe este grupo debido a que la región aún se encuentra vulnerable por la inestabilidad que reina en Irak y en Siria. Sin embargo, pese a que el grupo se ha debilitado, los lobos solitarios son la principal amenaza a la seguridad nacional y quienes pueden mantener viva la ideología y objetivos de Daesh.

 

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Photo by aladdin hammami on Unsplash

¿Qué está provocando nerviosismo en el ciclo económico actual?

Recientemente se ha comentado en diversos medios sobre una próxima recesión en Estados Unidos que invariablemente tendrá repercusiones en la economía global. Dado el estado actual de la economía de Estados Unidos, varios analistas económicos pronostican una recesión para los próximos dos años. Las confrontaciones entre la administración de Trump y la Reserva Federal son un elemento político que podrían acelerar el ciclo económico de Estados Unidos y virarlo hacia una recesión.

Muchos comentaristas -de ambos lados del espectro político- coinciden en que el alza de tasas de interés no es una decisión acertada por parte de la Reserva Federal (Fed). Existe una disparidad entre el paquete de estímulos fiscales presentado por el partido Republicano y la política monetaria propuesta por la Fed. Existen argumentos a favor y en contra de cada línea de acción. Sin embargo, muchos economistas argumentan que es la discordia entre autoridades de Estados Unidos y la politización de las decisiones económicas lo que ha generado desconfianza en los inversionistas, no los planes económicos en sí.

Por ‘politización’ nos referimos al juego de poder que impera en el gobierno estadounidense. La administración de Trump ha criticado las decisiones de la Fed a fin de empujar su propia agenda. Es decir, pretende influir en la política monetaria, de forma que se acople al proyecto fiscal presentado por el Partido Republicano en el Congreso.

¿Cómo influye la politización en el comportamiento de los mercados?

Este juego de poder se ha materializado en comunicados de prensa, debates en medios, tuits y comentarios en redes sociales. Estos exabruptos se han convertido en factores de cambio del ciclo económico. Por ejemplo, al poco tiempo de que Trump expresara su arrepentimiento por elegir a Jerome Powell como presidente de la Fed y de publicar un tuit diciendo que la Fed no estaba haciendo bien su trabajo, el índice S&P 500 tuvo la caída más fuerte en esa semana. Ante la preocupación, el secretario del tesoro, Steven Mnuchin, salió a intentar calmar a los inversionistas; sin embargo, lejos de ayudar, provocó otra caída en la bolsa.

En contraste, el 25 de diciembre, Trump señaló en una rueda de prensa que era buen momento para comprar acciones en la bolsa. Así, el S&P 500 subió un 5% en el transcurso del día siguiente, el mayor aumento porcentual de los últimos cuatro meses.

A pesar de ser un personaje criticado en diversos medios de comunicación por “no saber cómo funciona la economía”, los mercados parecen hacerle caso a Trump. Los tomadores de decisiones no deben olvidar que los indicadores económicos son la cristalización del sentimiento humano. El hecho de que Mnuchin tuviera que comunicarse con inversionistas para restablecer su confianza y que -paradójicamente- les provocara mayor desconfianza, es una muestra de cómo el comportamiento económico es impulsado por el “sentimiento” de cómo se moverán los mercados. Un elemento importante en la determinación de este “sentimiento” es el factor político.

Evidentemente, los indicadores económicos son mucho más amigables para la toma de decisiones. Son cuantitativos, se actualizan rápidamente en fuentes abiertas y son medianamente predecibles. Los indicadores políticos, en cambio, son cualitativos, difíciles de medir y difíciles de conectar entre sí.

Un ejemplo de un indicador político importante, pero que es cualitativo y difícil de medir, es la cuenta de Twitter de Trump: Sabemos que a Trump le gusta utilizar Twitter e incluso podríamos anticipar lo que publicará. Pero las implicaciones de sus tuits son inmedibles hasta que ocurren, como fue el caso de la caída de la bolsa después de criticar a la Fed.

Dado el estado actual de la economía estadounidense y su importancia para la economía global, el equipo de Riesgos Políticos presenta a continuación una serie de indicadores políticos que tomadores de decisiones pueden monitorear:

  • Decisiones de la Fed: Bajo el argumento de que se está agotando la inercia del plan de estímulo fiscal, la Fed probablemente continuará elevando la tasa de interés.
  • Economías emergentes: Como consecuencia de lo anterior, países emergentes querrán proteger su moneda haciendo lo mismo, posiblemente generando inflación. Además, es importante monitorear los niveles de endeudamiento mundial.
  • Tensiones comerciales: La guerra comercial con China y la reconfiguración del comercio con México y Canadá frenará el crecimiento estadounidense y desplazará las cadenas de suministro.
  • Geopolítica: Adicional al incremento en el precio del petróleo en los pasados meses, las tensiones con Irán podrían suscitar mayores aumentos si el conflicto diplomático continúa escalando.
  • Proteccionismo en Europa: Brexit y la posibilidad de salida de otros países europeos de la Unión Europea provocará disrupciones en el mercado europeo, el mayor socio comercial de Estados Unidos.

 

¿Tu organización necesita asesoría para enfrentar el nerviosismo de los mercados? Envíanos un correo a info@riesgospoliticos.com.mx y con gusto te ayudamos.

 

 

Photo by Adeolu Eletu on Unsplash

Consecuencias de un BREXIT sin acuerdo

Durante las elecciones generales de 2010 en Reino Unido, David Cameron, quien se jugaba su puesto como primer ministro, prometió que, de resultar vencedor en la jornada electoral, organizaría un referéndum sobre la permanencia británica en la Unión Europea. Así, una vez reelecto, se fijó el 23 de junio de 2016 como la fecha para llevarlo a cabo. Tras una débil campaña por la permanencia lanzada desde el gobierno de Cameron y una campaña basada en engaños por parte de los ‘brexiteers’, Reino Unido decidió retirarse de la Unión Europea por un estrecho margen.  

Tras estos resultados, David Cameron dimitió y los conservadores eligieron a Theresa May -quien ocupada la cartera del interior- como su suplente al frente del gobierno británico. Así, fue ella quien notificó a la Comisión Europea, el 29 de marzo de 2017, la intención del RU de recurrir al artículo 50 del Tratado de Lisboa, formalizando el inicio del proceso de divorcio entre las partes. Con esta notificación comenzó la cuenta regresiva de dos años que marcaría el retiro los británicos de la UE. Así, la fecha del divorcio será el viernes 29 de marzo de 2019, independiente de si se llega a un acuerdo o no.

La Unión Europea es un espacio de libre movimiento de personas, bienes, servicios y capitales; sin embargo, siempre encontró en Londres un contrapeso férreo al proceso de integración. Durante las negociaciones del Brexit, Bruselas le expresó reiteradamente a RU que no puede ser parte de los beneficios comerciales de pertenecer al bloque comunitario sin las obligaciones que conllevan las otras libertades. Tras año y medio de tensas conversaciones entre la Comisión y Londres, ambas partes llegaron a un acuerdo en noviembre de 2018.

No obstante, el acuerdo preliminar entre la UE y RU necesita la aprobación del parlamento británico; cuya votación tendrá lugar el próximo 15 de enero. Cabe recordar que, en diciembre pasado, May logró sobreponerse a una moción de censura promovida por los parlamentarios que se oponen al acuerdo pactado con Bruselas, lo que le habría costado el puesto como primera ministra y hubiera añadido más incertidumbre a este proceso de divorcio.

No obstante, apenas el 8 de enero, el parlamento británico bloqueó “la capacidad económica del Ejecutivo para hacer frente a una salida de la Unión Europea sin acuerdo”. Y, el 9 de enero, el parlamento aprobó una enmienda que obliga a May a presentar un plan alterno en solo tres días, si se vota en contra del acuerdo alcanzado con Bruselas el próximo 15 de enero.

En virtud de lo anterior, cada vez se vuelve más posible la salida del Reino Unido de la UE sin un acuerdo. En este sentido, empresarios, inversionistas y tomadores de decisiones necesitan prepararse para tal escenario.

El primer gran reto de un Brexit sin acuerdo sería el congestionamiento aduanal. El libre movimiento de bienes ha generado un tráfico fluido y continuo de navíos en los puertos británicos. Al entrar en vigor el divorcio formal de RU de la UE, estos puertos tenderán a congestionarse dado que no habría libre circulación de mercancías. El gobierno británico ha asignado 100 millones de libras esterlinas para rentar ferris con objeto de aliviar el congestionamiento. Esto se hizo como plan de contingencia bajo el supuesto de que Francia imponga control aduanal en el puerto de Calais, provocando retrasos de varias horas en la descarga de buques británicos.

También existe incertidumbre sobre las consecuencias para los casi 4 millones de europeos viviendo en el Reino Unido. Una repatriación masiva de mano de obra puede llevar a descompensaciones importantes en el mercado laboral británico, afectando industrias como la química y la de automóviles; lo que generará mayores presiones inflacionarias para su economía. Recordemos que -de igual forma- se espera una desaceleración de su economía e incluso una posible recesión. Lo que sin duda también impactará a sus principales socios comerciales europeos: Alemania, Francia, Países Bajos, Bélgica e Irlanda. Lo anterior iría de la mano de un aumento generalizado en precios de importaciones por los costos arancelarios que impondría tanto Londres como la Unión Europea.

Por otro lado, ya se ha registrado una importante reducción en el precio de bienes raíces en Londres. Esto es indicativo de que empresas están buscando salir de territorio británico para continuar gozando de los beneficios legales y comerciales de pertenecer al mercado único europeo. Siendo The City la capital financiera de Europa, muchos inversionistas utilizaban al mercado británico como trampolín para expandir sus operaciones hacia el resto de la región. Ahora, estas empresas están moviendo sus inversiones hacia otros países europeos que les permitan este crecimiento.

Además, el divorcio con la Unión Europea resultará en costos que sobrepasan el ahorro de salirse. El Reino Unido estaría ahorrando aproximadamente 13 MME al dejar de pagar sus contribuciones como Estado de miembro. Sin embargo, tendrá que pagar a la UE una “cuota de divorcio” de más de 39 mil millones de libras esterlinas en compensación por el abandono a proyectos de infraestructura y presupuestos planeados para el largo plazo. Asimismo, dejará de ser beneficiario de los apoyos crediticios y subsidios de la Unión Europea a sectores como la agricultura, investigación y desarrollo, educación, proyectos de infraestructura verdes, entre otros.

Asimismo, hay que tomar en cuenta las consecuencias políticas al interior del RU. Aunque Irlanda del Norte votó mayoritariamente por permanecer dentro de la UE, será arrastrada al divorcio junto con el resto del Reino Unido. La incertidumbre sobre el restablecimiento de una frontera física entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte ha generado descontento y no se descartan posibles disturbios. Como parte de los planes de contingencia para un acuerdo sin salida, la policía irlandesa, en colaboración con la policía escocesa e inglesa, ya comenzaron entrenamientos para mantener la paz en esta frontera.

Al igual que Irlanda del Norte, los escoceses votaron por continuar siendo parte de la UE. Vale la pena recordar que en 2014 se llevó a cabo un referéndum en Escocia para decidir sobre su independencia del RU. Con el argumento de que una independencia los dejaría fuera de la UE, ganó el voto por no dejar el RU. Así, el Brexit abre la posibilidad de llevar a cabo un nuevo referéndum con fines de independizarse para solicitar su admisión al bloque comunitario europeo.

¿Te interesa conocer qué tipo de impacto tendrá tu organización a raíz del Brexit? Acércate con nosotros para brindarte una asesoría integral, nos puedes escribir a info@riesgospoliticos.com.mx.

 

Photo by Ethan Kent on Unsplash