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Italia se suma a China, ¿en contra de la Unión Europea?

La iniciativa One Belt, One Road (OBOR) es controversial ya que muchos analistas políticos consideran que es una herramienta del gobierno chino para dominar económicamente a países menos desarrollados. Dichos analistas consideran que el discurso en favor de la integración económica es sólo un argumento para continuar empujando su influencia geopolítica.

Bajo este pensamiento, los gobiernos de Occidente han mostrado renuencia a participar del proyecto de integración de China. El gobierno de Estados Unidos considera que OBOR es una amenaza a su seguridad nacional, ya que servirá para expandir su tecnología de espionaje. Los gobiernos de Europa, por su parte, han legislado para limitar la entrada de capital chino en “sectores estratégicos”, tales como defensa y telecomunicaciones. Sin embargo, Italia acordó sumarse a la iniciativa china el pasado 23 de marzo.

El primer ministro de Italia, Giuseppe Conte, firmó con Xi Jinping un memorándum para adherir a Italia al plan de inversión en infraestructura, acuerdo que presenta un riesgo para los sectores que la Unión Europea ha intentado proteger. Con este acuerdo, uno de los fundadores de la Comunidad Económica Europea se suma al proyecto de inversión de Beijing.

Es importante mencionar que la coalición gobernante en Italia es de corte antieuropeo, síntoma del escepticismo sobre la capacidad de la Unión Europea de proveer un marco que alivie los problemas económicos en Italia. El gobierno italiano pretende hacer florecer su comercio bilateral con China tanto para aliviar su déficit comercial como para crear un canal de entrada de capital complementario (o sustituto) al que presenta Europa, que lleva varios años mostrando signos de desaceleración.

Los beneficios comerciales para China aún son inciertos. Pero los beneficios políticos son notables. El memorándum incrementa el incentivo para países euroescépticos de continuar su alejamiento de la Unión Europea. Además, ante la militarización de China, varios países querrán cooperar con ella en lugar de combatir sus aspiraciones.

El memorándum es un acuerdo entre jefes de Estado, por lo que los proyectos de inversión no son oficiales. Sin embargo, es evidencia de la capacidad que tiene China para empujar su agenda de expansión económica por encima de las alianzas económicas y militares, lo cual podría presentar un riesgo para el equilibrio geopolítico actual.

 

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La guerra que viene por el liderazgo tecnológico

Según expertos en el tema, China y Estados Unidos se encuentran en una competencia para liderar el mundo de la tecnología, lo que ha provocado tensiones entre ambos países. El pasado 1 de diciembre del 2018, fue detenida en Vancouver, Canadá, Meng Wanzhou, la directora financiera de Huawei e hija del fundador de dicha compañía, por supuesta violación de las sanciones de Estados Unidos contra Irán.

Huawei, es la compañía de origen chino más importante en fabricación de componentes para el desarrollo de redes móviles de quinta generación o 5G. Se espera que esta tecnología (5G) cree un nuevo ecosistema del Internet de las Cosas, satisfaciendo las necesidades de comunicación de miles de millones de dispositivos conectados a la red. Se han encontrado razones para pensar que Irán es simplemente un pretexto de Estados Unidos para frenar el desarrollo de este gigante tecnológico. Hay que tomar en cuenta que en diversas ocasiones EE. UU. ha utilizado penalizaciones comerciales y financieras con fines políticos.

Esto demuestra que las aspiraciones tecnológicas de China han despertado preocupaciones en EE. UU. En este sentido, el presidente Donald Trump ha dicho que la guerra comercial con China protegerá la dominancia estadounidense y frenará los planes de Pekín de alcanzar la supremacía económica y tecnológica – de acuerdo con el New York Times.

Por otro lado, en 2015, China aprobó un plan estratégico conocido como “Made in China 2025”, una iniciativa que busca el desarrollo de diez sectores clave de alta tecnología para modernizar su base manufacturera, por ejemplo, en el aeronáutico y robótico. Uno de los principales objetivos es que, para 2025, Pekín sea autosuficiente en un 70% en estos sectores de alta tecnología. Aunado a esto, Jun Canrong, decano asociado de la Escuela de estudio internacional de la Universidad Renmin de Pekín, manifestó que “Incluso si EE.UU. intenta bloquear el desarrollo de China, no tendrá éxito, puesto que el enorme mercado interno de China, por sí solo es suficiente para impulsar una industria madura de la IA (Inteligencia Artificial)”.

Made in China 2025” ya ha dado de qué hablar. En medio de la crisis aeronáutica generada por los accidentes aéreos del Boeing 737 Max, que los ha forzado a permanecer en tierra y a contemplar la posible cancelación de más de 5,000 unidades, China anunció a los mercados internacionales la llegada de un avión que le hará competencia, el C919 de la empresa COMAC, el cual tiene una capacidad de entre 168 y 190 pasajeros. Esta aeronave representará una alternativa a los aviones de Boeing y un nuevo competidor en el mercado aeronáutico dominado por Airbus y Boeing.

Hasta el momento, se han solicitado 815 unidades del COMAC C919. Quienes han mostrado intereses por este avión son, principalmente, compañías locales y pequeñas compañías de países con gran dependencia de China. El COMAC C919 cuesta casi la mitad del precio de sus competidores, pero aún le hace falta mejorar su eficiencia energética, lo cual lo pone en una ligera desventaja.

Cabe mencionar que China es el principal mercado de Boeing, con el 25% de los aviones de esta compañía estadounidense. Boeing incluso cuenta con una planta de fabricación en China, y tiene alianzas estratégicas con empresas chinas que suministran sus componentes. Así, un nuevo competidor chino en el sector puede traer como consecuencia reajustes en el mercado aeronáutico asiáticos. Boeing se verá forzado a adaptarse a estos cambios. Sin embargo, derivado de la crisis generada por los accidentes de dos 737 Max, Boeing se encuentra en una situación muy delicada para comprometerse con el desarrollo de nuevas aeronaves.

Esta situación beneficia a China para imponer medidas recíprocas contra Estados unidos por el caso Huawei. China fue el primer país en ordenar a sus aerolíneas la suspensión de vuelos de los aviones Boeing 737 Max. Además, actualmente se están llevando a cabo negociaciones para alcanzar un acuerdo comercial entre China y Estados Unidos. Uno de los puntos en discusión es la exportación de aviones Boeing 737 Max al país asiático. Así, queda en China, vista la crisis ocasionada por estos aviones, cómo proseguir con las pláticas, y que posición tomar para verse beneficiados.

Sin duda alguna, China ha dado mucho de qué hablar. Por un lado, el caso Huawei expone las preocupaciones del gobierno de EE. UU. por el ascenso chino en materia tecnológica, lo que podría arrebatarles su liderazgo. Por el otro, China ha sido clara en sus intenciones de liderear el sector de la tecnología mundial y la llegada del COMAC C919 lo acerca más a su objetivo.

 

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Mar del Sur de China, un peligro para el comercio mundial

Actualmente, el comercio marítimo se encuentra regulado la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS). Este régimen se estableció después de la Primera Guerra Mundial bajo la premisa de que impuestos y bloqueos al libre comercio interfiere con la paz mundial.

Esto significa que, salvo un determinado número de millas náuticas que les otorga a países derechos económicos exclusivos sobre sus mares, los mares son aguas internacionales en los cuales ningún Estado ejerce soberanía. Este régimen promueve la cooperación entre gobiernos para proteger a buques mercantes y garantiza el derecho de paso. Si hay menor incertidumbre, los riesgos son menores, lo cual incentiva a la creación de más redes de intercambio y abarata el comercio internacional.

Sin embargo, desde 1947, China ha declarado que cuenta derecho sobre las aguas en la “Línea de los nueve puntos”. Esta línea demarca la mayor parte del Mar de Sur de China, mar en el cual colindan las zonas económicas exclusivas de seis países y por el cual fluye aproximadamente un tercio del comercio internacional, valuado en 3.4 billones de dólares anuales, de acuerdo con un estudio del Center for Strategic and International Studies.

El gobierno chino argumenta que tiene el derecho histórico sobre estas aguas. Esto significa que, si logra imponer su propio régimen por encima de la UNCLOS, podría imponer impuestos a los buques mercantes. En este sentido, es conocido que China se encuentra construyendo islas artificiales con infraestructura militar en el Mar de Sur de China.

Los reclamos de China presentan un riesgo ya que, de realizarse, constituyen un precedente para que otros países costeros y altamente dependientes del comercio busquen incrementar sus ganancias al imponer controles al paso de buques en puertos o estrechos estratégicos. Esto a su vez conlleva el riesgo de militarización ya que, ante la ausencia de un régimen de protección compartida, cada país y cada empresa de transportes deberá velar por la protección de sus buques.

Estos son riesgos globales, pero también existen riesgos que afectan a empresas en el corto plazo. Un ejemplo es el riesgo de elevación de costos de transporte. La razón primordial por la cual transita tanto comercio en el Mar del Sur de China es porque cuenta con estrechos naturales que facilitan el comercio intercontinental. El más transitado es el Estrecho de Malaca, ya que es la ruta más rápida para conectar los océanos Pacífico e Índico. Este estrecho es la ruta más económica para mover bienes entre Asia, India, África y la Península Arábiga. Si un acontecimiento militar o político obligara a los buques mercantes a buscar nuevas rutas, los costos de transporte y riesgos por piratería aumentarían considerablemente.

Se estima que tomar la segunda ruta más económica (por el Estrecho de Sunda) elevaría los costos de transporte en aproximadamente 65 millones de dólares, lo cual representaría pérdidas enormes para las empresas que comercian vía esta ruta. Cualquier eventualidad que fuerce a los buques a rodear Indonesia o incluso Australia elevaría los costos aún mucho más. Además, estas disrupciones al comercio en el corto plazo pueden traducirse en incertidumbre para los mercados financieros en el mediano y largo plazo.

Existe evidencia que, desde 2015, China tiene interés en mantener presencia militar en el Mar de Sur de China. Y, en 2016, un arbitraje internacional entre China y Filipinas determinó, bajo UNCLOS, que el reclamo histórico de China no tiene fundamento en el Derecho Internacional. Estos dos casos contrapuestos demuestran que la tensión en la región se está elevando y no parece haber punto medio entre los reclamos históricos de China y el régimen de comercio prevalente.

 

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Nueva Ruta de la Seda ¿China dominará el mundo?

En 2013, el presidente de China, Xi Jinping, presentó un proyecto que contempla el desarrollo de infraestructura para facilitar el intercambio de mercancías a través de corredores terrestres y marítimos alrededor del mundo. Actualmente, 80 países participan en este proyecto, cuyo el nombre oficial es “Belt and Row Initiative”, haciendo referencia a la antigua ruta de la seda usada en tiempos de la dinastía Han, en el siglo I AC. Esta iniciativa consiste en el financiamiento por parte del gobierno chino de infraestructura alrededor del mundo a cambio de beneficios políticos, comerciales y estratégicos

China es la segunda potencia económica del planeta y, según expertos, posee el potencial para convertirse en la potencia comercial más importante del mundo. China pasó de ser uno de los países más empobrecidos del mundo, después de las políticas de Mao Zedong “Un Paso Adelante” y la “Gran Revolución Cultural”, a ser el principal acreedor de países en vías de desarrollo para la construcción de infraestructura.

Dentro de los objetivos la Nueva Ruta de la Seda se encuentran: facilitar el desarrollo regional eliminando barreras al comercio, aumentar las comunicaciones con los países limítrofes e incrementar el flujo de materias primas hacia China. Para cumplir con estos fines, se busca crear rutas marítimas y terrestres alternas a aquellas que actualmente se utilizan como, por ejemplo, el estrecho de Malaca y el canal de Suez, por donde atraviesa el 20% del comercio mundial.

Se estima que esta iniciativa pueda generar un mercado diez veces mayor que el estadounidense. Para cumplir con tan colosal meta se disponen de recursos del Nuevo Banco de Desarrollo (compuesto por los países BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), del Fondo Ruta de la Seda y del Banco Asiático de Inversión e Infraestructura (de origen chino). Asimismo, de cumplirse con los objetivos planteado, esta iniciativa añadiría 56,000 MDD a las exportaciones chinas y 61,000 MDD a las importaciones, sumas que representan el 36% del PIB mundial, según informes de la consultoría Euler Hermes. Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional advirtió que “resucitar la ruta de la seda… puede derivar también en un incremento problemático de la deuda, creando desafíos para la balanza de pagos”.

Una de las grandes ventajas de estos créditos chinos para financiar infraestructura es que son de carácter bilateral. Esto permite que los préstamos, a pesar de ser más caros, son más ventajosos y flexibles comparados con los préstamos que proveen instituciones multilaterales como el Banco Mundial. Ello hace que sean sumamente atractivos a países que tienen restricciones para acceder a los mercados financieros internacionales como -por ejemplo- Venezuela. Vale la pena mencionar que, si bien estos créditos chinos se dan con menos restricciones que otros, los condicionamientos siempre benefician a la economía china, por ejemplo, en el caso de Ecuador se estipuló que únicamente se trabajaría con empresas chinas para desarrollar de los proyectos con este país.

De acuerdo con Stephan Monier, Jefe de Inversiones de Lombard Odier, China ha encontrado la forma de adquirir un rol central a nivel global mientras que Estados Unidos lo está perdiendo derivado de la adopción de políticas proteccionistas. Así, esta iniciativa ha acentuado la rivalidad económica entre China y Estados Unidos, generando fricciones geopolíticas por la capacidad de influencia que ha ganado el gobierno chino en el concierto internacional.

Esta nueva área de influencia es resultado de que, con la Nueva Ruta de la Seda, China está reforzando e incrementando su presencia en Asia y Europa, es decir, lugares donde tradicionalmente era Estados Unidos quien ejercía influencia. Asimismo, China ha incrementado considerablemente su presencia en países africanos, donde financia la construcción de ciudades enteras en, por ejemplo, en Kenia, Guinea, y Etiopía. Así, este programa tiene implicaciones estratégicas para la política mundial ya que podría generar la legitimidad de acciones chinas, sobre todo en el Mar de Sur de China, donde existen tensiones con sus vecinos por su soberanía, por parte de la comunidad internacional.

Aún faltan muchos elementos por analizar para poder medir el grado de éxito de este proyecto. Sin embargo, los primeros pasos se han dado, el mundo tiene que estar preparando para aprovechar las ventajas que esto trae consigo y, al mismo tiempo, protegerse de las amenazas que conllevan un proyecto de esta magnitud.

 

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La gestión de riesgos también pasa por la suerte, Dolce & Gabbana no quiso entenderlo.

No todo es malo cuando se atraviesa por una crisis, hay beneficios importantes que se pueden obtener de ellas. Claro que los beneficios dependen de la actitud con la que se tomen las crisis. El paso posterior a superar una crisis es la retroalimentación y el aprendizaje dentro de la organización. Si la retroalimentación es adecuada, a las organizaciones les sirven las crisis para aprender a responder ante ellas y mitigarlas en el futuro.

Sin embargo,en muchas ocasiones las organizaciones se valen de la “suerte” de no haber caído en una crisis, o de “casi” caer en una. Atribuirle a la buena operación de la organización lo que realmente fue un golpe de suerte, no permite el proceso de aprendizaje que derivaría en la mitigación de crisis en el futuro.Así, hay que tomar en cuenta que existen “casi” crisis que quizá en ese momento no resultaron en daños, pero que pueden ser desastrosas la siguiente ocasión que ocurran. Es decir, también de las “casi” crisis se debe aprender y hacer un ejercicio de retroalimentación en toda la organización a fin de modificar acciones y superar aquello que pudo desembocar en una.

Por algún tiempo, la marca de ropa Dolce & Gabbana (D&G) pudo sortear los riesgos que conllevaba realizar campañas publicitarias polémicas y los comentarios políticamente incorrectos de sus dueños, principalmente de Stefano Gabbana. Algunas de sus controversias han sido las siguientes:

  • Comentarios en contra de la adopción por parte de parejas homoparentales, siendo ellos mismos homosexuales.
  • Críticas a artistas de la talla de Selena Gomez y Miley Cirus.
  • Campañas publicitarias insinuando violencia sexual.
  • Presunta discriminación en contra de habitantes de Hong Kong, prohibiéndoles tomar fotografías de sus productos mientras que permitía a habitantes de China continental hacerlo.

En todos estos casos, D&G desestimó los comentarios negativos de sus consumidores y la opinión pública. Esta resistencia a incorporar mecanismos de manejo de crisis corresponde a que la marca había salido ilesa financieramente de estas polémicas. No se percataron de que habían sido golpes de suerte.   

La suerte se termina cuando se termina. Como preparación al desfile de la marca en Shanghái de este año, D&G lanzó un comercial donde se veía a una mujer asiática comiendo comida italiana con palillos chinos y una voz masculina haciendo insinuaciones sexuales sobre la forma en que la mujer comía. El comercial suscitó varios comentarios negativos por parte de usuarios de redes sociales en China, catalogándolo de racista y de reproducir estereotipos y clichés.

Varios usuarios de redes sociales inconformes con el comercial enviaron mensajes directos a los dueños de la marca vía Instagram para quejarse. Stefano Gabbana -sin reparo alguno- escribió a uno de estos usuarios que China era un “país de mierda y estaba manejado por la mafia”. La conversación con los dichos de Stefano se hizo viral.

El Ministerio de Cultura y Turismo de China decidió cancelar el desfile por los comentarios del dueño de la marca. Asimismo, se retiraron sus productos de los principales portales de e-commerce (como Alibaba) y celebridades chinas incitaron un boicot contra D&G, incluyendo quienes servían como embajadores de la marca.

El mercado chino representa el 33% de la participación mundial en el sector de la moda de lujo, lo que ubica a China como el más importante mercado a nivel mundial. Las pérdidas de D&G se estiman en más de 500 millones de euros y se prevé que la percepción negativa del consumidor chino dure entre seis meses y un año, pero podría ser mayor.

Dolce & Gabbana no se planteó un escenario donde la controversia generada por sus comentarios les pudiera ocasionar la pérdida del mercado más importante a nivel mundial para su marca. Dado que no tienen mecanismos de manejo de crisis adecuados, su reacción fue argumentar que las cuentas de Instagram fueron ‘hackeadas’. Sin embargo, dada reputación que D&G construyó, esto no fue creíble.  

El hecho de que una empresa pueda asumir altos riesgos y salir ilesa en varias ocasiones puede deberse más a la suerte que a la fortaleza institucional y reputacional. Si una organización tiene la intención de capitalizar la generación de controversia, es importante que planifique escenarios para que su equipo entienda los posibles desenlaces. Esta planificación no solamente preparará a la empresa para una eventual crisis, sino que revelará las flaquezas institucionales que no se han estado atendiendo.

Para darle tranquilidad a su organización, en Riesgos Políticos podemos ayudar a que su empresa establezca mecanismos de efectivos de gestión de riesgos y manejo de crisis. Comuníquese con nosotros al correo info@riesgospoliticos.com.mx.

 

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