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¿Para qué necesitamos el Centro de Entrenamiento Conjunto de Operaciones de Paz de México?

Durante la reunión de la Asamblea General de Naciones Unidas celebrada en septiembre de 2014 en Nueva York, el presidente Enrique Peña Nieto anunció la intención del Estado mexicano de participar en Operaciones para el Mantenimiento de la Paz (OMP) de la ONU. Derivado de esta declaración, el 1° de octubre de 2018, la Secretaría de Defensa Nacional (SEDENA) inauguró el Centro de Entrenamiento Conjunto de Operaciones de Paz con el fin de capacitar a militares y oficiales civiles en estas misiones.

En el marco de la transición presidencial de México, el gobierno a tomar posesión en diciembre de 2018 ha declarado su intención de velar irrestrictamente por el cumplimiento de los principios constitucionales en materia de política exterior. Así, nos encontramos ante un dilema sobre si la participación en las OMP fortalecerá o transgredirá estos principios rectores ¿Es factible llevar el multilateralismo mexicano al plano de las OMP? ¿Cuáles son los riesgos y oportunidades de que México participe?

El objetivo principal de las OMP es resguardar el estado de paz alcanzado posterior a un conflicto armado ya sea por un tratado o un armisticio. Nacieron con el objetivo de que un actor neutral (compuesto por elementos de diferentes países) evite que un conflicto localizado se expanda hasta involucrar intereses geopolíticos mayores.

Es importante notar que son los países en vías de desarrollo quienes más han contribuido a la formación de OMP. México -por ejemplo- es uno de los principales aportadores financieros a estas misiones y ha contribuido con elementos civiles para su desarrollo. Sin embargo, el Estado mexicano no ha participado con efectivos militares en ninguna operación internacional.

Ahora bien, la lucha contra el crimen organizado iniciada en 2006 ha expuesto a las Fuerzas Armadas ante medios de comunicación nacionales e internacionales, particularmente por la percepción de que sistemáticamente han violado Derechos Humanos de la población civil en esta lucha. En este sentido, su participación en OMP puede ser una oportunidad para mejorar su reputación llevando a cabo labores humanitarias en el marco del Derecho Internacional; o un riesgo si es que cometen violaciones a los DDHH mientras realizan estas misiones.

Por otro lado, actualmente las OMP ya no se limitan solamente a monitorear armisticios. Se les han encomendado tareas más proactivas como son: la seguridad pública en los procesos de construcción de paz, labores humanitarias por catástrofes naturales, implementando canales diplomáticos para garantizar una paz duradera, promoviendo la confianza entre las partes en conflicto, asesorando en procesos electorales (en los que México ha sido muy activo), contribuir a la creación de Estado de Derecho e implementar programas para el desarrollo social. En este sentido, justamente la lucha contra el crimen el organizado le ha dado al ejército mexicano experiencia, capacitación y recursos que pueden servir en estos objetivos necesarios para alcanzar paz duradera en los Estados en conflicto.

Realizar el salto de un perfil asistencial a un perfil interventor es justificable con una lectura renovada de los principios rectores de la diplomacia mexicana. Pero es crucial que esta nueva lectura vaya acompañada de un análisis de los riesgos que conlleva. Una importante tarea para el gobierno a entrar en funciones en 2018 será analizar minuciosamente los riesgos de la participación de contingentes militares en las OMP.

Hay que tener presente que existen tres formas en que México puede enviar efectivos militares a OMP: a través de contingentes nacionales, contratando empresas militares privadas, y con contingentes mixtos. Ahora bien, el debate sobre la mejor forma de administrar la participación de México en las Operaciones para el Mantenimiento de la Paz solo tiene sentido si el Estado mexicano tiene una verdadera intención de intervenir de forma más activa en estas misiones. Lo anterior debe verse como una estrategia de política interna y exterior de largo plazo. En este sentido, las OMP son una ventana de oportunidad para que México se posicione como una potencia media y ejerza liderazgo en el concierto internacional.  El Centro de Entrenamiento Conjunto de la SEDENA sin duda alguna será crucial para alcanzar estos objetivos, siempre y cuando cuenta con los recursos y el presupuesto necesario para ello.

Asimismo, hay que considerar que enviar elementos de nuestras fuerzas armadas a OMP es una alternativa, en el largo plazo, para que las fuerzas armadas salgan de las labores de seguridad interna contra el crimen organizado. Es, también, una oportunidad para que, con ayuda de la presión internacional, se favorezca la transparencia y rendición de cuentas de la SEDENA y SEMAR. Además, llevar a cabo este tipo de operaciones favorece la profesionalización y capacitación de los elementos de las fuerzas armadas.

Por otro lado, el reconocimiento por parte del gobierno mexicano de sus limitaciones para llevar a cabo una efectiva intervención humanitaria podría dar lugar a una asociación público-privada entre el Estado mexicano y compañías militares privadas, ya sea subcontratando la totalidad de la operación o compartiéndola, en donde cada uno aportaría la experiencia que tienen en las diferentes tareas de las OMP. En este sentido, México podría innovar en la administración de las OMP, lo cual, obviamente, implica riesgos, que pueden ser superados a través de mejores regulaciones nacionales en este tipo de asociaciones y una mejor impartición de justicia militar. Asimismo, esta asociación podría ser el catalizador para que la comunidad internacional regule la intervención de empresas privadas en zonas en conflicto o Estados frágiles.

Finalmente, es claro que México ha apostado por el multilateralismo en su estrategia de agenda de política exterior y tiene muy clara su propuesta de reforma al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. México no puede esperar que la comunidad internacional tome en cuenta sus propuestas en estos temas tan delicados si no participa activamente en la construcción de la paz en el mundo. No basta la tarea diplomática y el soft power para ser una potencia media, es necesario involucrarse militarmente en la construcción de la paz internacional. Habrá que dar un seguimiento puntual a cómo las OMP serán abordadas dentro de la agenda de política nacional e internacional del gobierno del presidente López Obrador.

En Riesgos Políticos, S.C., ofrecemos servicios de consultoría y asesoría en materia de política internacional. Comuníquese con nosotros al correo info@riesgospoliticos.com.mx.

 

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