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Nueva Ruta de la Seda ¿China dominará el mundo?

En 2013, el presidente de China, Xi Jinping, presentó un proyecto que contempla el desarrollo de infraestructura para facilitar el intercambio de mercancías a través de corredores terrestres y marítimos alrededor del mundo. Actualmente, 80 países participan en este proyecto, cuyo el nombre oficial es “Belt and Row Initiative”, haciendo referencia a la antigua ruta de la seda usada en tiempos de la dinastía Han, en el siglo I AC. Esta iniciativa consiste en el financiamiento por parte del gobierno chino de infraestructura alrededor del mundo a cambio de beneficios políticos, comerciales y estratégicos

China es la segunda potencia económica del planeta y, según expertos, posee el potencial para convertirse en la potencia comercial más importante del mundo. China pasó de ser uno de los países más empobrecidos del mundo, después de las políticas de Mao Zedong “Un Paso Adelante” y la “Gran Revolución Cultural”, a ser el principal acreedor de países en vías de desarrollo para la construcción de infraestructura.

Dentro de los objetivos la Nueva Ruta de la Seda se encuentran: facilitar el desarrollo regional eliminando barreras al comercio, aumentar las comunicaciones con los países limítrofes e incrementar el flujo de materias primas hacia China. Para cumplir con estos fines, se busca crear rutas marítimas y terrestres alternas a aquellas que actualmente se utilizan como, por ejemplo, el estrecho de Malaca y el canal de Suez, por donde atraviesa el 20% del comercio mundial.

Se estima que esta iniciativa pueda generar un mercado diez veces mayor que el estadounidense. Para cumplir con tan colosal meta se disponen de recursos del Nuevo Banco de Desarrollo (compuesto por los países BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), del Fondo Ruta de la Seda y del Banco Asiático de Inversión e Infraestructura (de origen chino). Asimismo, de cumplirse con los objetivos planteado, esta iniciativa añadiría 56,000 MDD a las exportaciones chinas y 61,000 MDD a las importaciones, sumas que representan el 36% del PIB mundial, según informes de la consultoría Euler Hermes. Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional advirtió que “resucitar la ruta de la seda… puede derivar también en un incremento problemático de la deuda, creando desafíos para la balanza de pagos”.

Una de las grandes ventajas de estos créditos chinos para financiar infraestructura es que son de carácter bilateral. Esto permite que los préstamos, a pesar de ser más caros, son más ventajosos y flexibles comparados con los préstamos que proveen instituciones multilaterales como el Banco Mundial. Ello hace que sean sumamente atractivos a países que tienen restricciones para acceder a los mercados financieros internacionales como -por ejemplo- Venezuela. Vale la pena mencionar que, si bien estos créditos chinos se dan con menos restricciones que otros, los condicionamientos siempre benefician a la economía china, por ejemplo, en el caso de Ecuador se estipuló que únicamente se trabajaría con empresas chinas para desarrollar de los proyectos con este país.

De acuerdo con Stephan Monier, Jefe de Inversiones de Lombard Odier, China ha encontrado la forma de adquirir un rol central a nivel global mientras que Estados Unidos lo está perdiendo derivado de la adopción de políticas proteccionistas. Así, esta iniciativa ha acentuado la rivalidad económica entre China y Estados Unidos, generando fricciones geopolíticas por la capacidad de influencia que ha ganado el gobierno chino en el concierto internacional.

Esta nueva área de influencia es resultado de que, con la Nueva Ruta de la Seda, China está reforzando e incrementando su presencia en Asia y Europa, es decir, lugares donde tradicionalmente era Estados Unidos quien ejercía influencia. Asimismo, China ha incrementado considerablemente su presencia en países africanos, donde financia la construcción de ciudades enteras en, por ejemplo, en Kenia, Guinea, y Etiopía. Así, este programa tiene implicaciones estratégicas para la política mundial ya que podría generar la legitimidad de acciones chinas, sobre todo en el Mar de Sur de China, donde existen tensiones con sus vecinos por su soberanía, por parte de la comunidad internacional.

Aún faltan muchos elementos por analizar para poder medir el grado de éxito de este proyecto. Sin embargo, los primeros pasos se han dado, el mundo tiene que estar preparando para aprovechar las ventajas que esto trae consigo y, al mismo tiempo, protegerse de las amenazas que conllevan un proyecto de esta magnitud.

 

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Photo by wu yi on Unsplash

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