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La erosión del régimen democrático

Una de las principales consecuencias de la violencia asociada al crimen organizado es la erosión del régimen democrático. El crimen organizado, en primer lugar, erosiona la capacidad del Estado para tener bajo su control el territorio del país. Así, se van generando gobiernos paralelos, el de jure, representado por los distintos niveles de gobierno, y el de facto, a cargo del crimen organizado. Los delincuentes no solo corrompen a funcionarios públicos, sino que logran cooptar el Estado, ya sea por medio de la fuerza y amenazas o a través de negociaciones. La cooptación del Estado es un paso más allá de la corrupción porque se le denomina así al momento en que el gobierno deja de velar por los intereses públicos y empieza a priorizar los intereses de la delincuencia organizada. En consecuencias, se pone al aparato estatal en manos y para las funciones de los grupos criminales.

Por otro lado, en un régimen democrático, con contiendas electorales, la presencia de crimen organizado provoca el financiamiento ilícito de las campañas; esto es parte de las propias dinámicas de cooptación del Estado. El crimen organizado utiliza el propio régimen democrático para colocar a gente afín a sus intereses, en puestos de elección popular para que trabajen y velen por sus beneficios y colaboren con sus empresas criminales.

Esta cooptación del Estado genera en la población desconfianza en las instituciones democráticas y en el propio régimen. La pérdida de confianza en el régimen democrático, así como el aumento en la percepción de inseguridad y de estar en total desamparo, frente a la violencia es sumamente peligrosa, ya que es ahí donde nacen los llamados por gobiernos autoritarios que puedan poner orden y erradicar a los grupos criminales y restaurar la seguridad y el control del territorio. Los cambios o intentos de cambio de regímenes siempre vienen acompañados por inestabilidad política, reforzando la idea de desconfianza en las instituciones democráticas.

Frente a éste, que sería el escenario más extremo de lo que estamos viviendo en México, tenemos que preguntarnos si las políticas en seguridad del gobierno federal van encaminadas a fortalecer la democracia o, por el contrario, si podrían mermar aún más la confianza de la población en instituciones democráticas con objeto de apoyar formas de gobierno más autoritarias. El fortalecimiento del poder del gobierno federal, imponiendo su fuerza policial a los estados y municipios, a través de la Guardia Nacional, para frenar la ola de violencia asociada con grupos criminales, podría tener un efecto adverso sobre la democracia.

Si se genera la idea de que solo la federación puede contener la violencia, ¿qué podría pasar con el apoyo a las instituciones municipales y estatales? A esto hay que sumar la función de los súper delegados federales en los estados (¿gobernadores de facto?). Entonces, ¿quién se está quedando con el poder a nivel nacional? Así, se podría estar utilizando la ya de por sí mala percepción de la democracia (derivada de la presencia del crimen organizado) en México, para fortalecer al caudillo en el gobierno.

 

Ricardo Solano Olivera, MSc.

 

Columna originalmente publicada en https://laopinion.de/2019/07/03/la-erosion-del-regimen-democratico/.

Photo by Element5 Digital on Unsplash

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