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Consecuencias de un BREXIT sin acuerdo

Durante las elecciones generales de 2010 en Reino Unido, David Cameron, quien se jugaba su puesto como primer ministro, prometió que, de resultar vencedor en la jornada electoral, organizaría un referéndum sobre la permanencia británica en la Unión Europea. Así, una vez reelecto, se fijó el 23 de junio de 2016 como la fecha para llevarlo a cabo. Tras una débil campaña por la permanencia lanzada desde el gobierno de Cameron y una campaña basada en engaños por parte de los ‘brexiteers’, Reino Unido decidió retirarse de la Unión Europea por un estrecho margen.  

Tras estos resultados, David Cameron dimitió y los conservadores eligieron a Theresa May -quien ocupada la cartera del interior- como su suplente al frente del gobierno británico. Así, fue ella quien notificó a la Comisión Europea, el 29 de marzo de 2017, la intención del RU de recurrir al artículo 50 del Tratado de Lisboa, formalizando el inicio del proceso de divorcio entre las partes. Con esta notificación comenzó la cuenta regresiva de dos años que marcaría el retiro los británicos de la UE. Así, la fecha del divorcio será el viernes 29 de marzo de 2019, independiente de si se llega a un acuerdo o no.

La Unión Europea es un espacio de libre movimiento de personas, bienes, servicios y capitales; sin embargo, siempre encontró en Londres un contrapeso férreo al proceso de integración. Durante las negociaciones del Brexit, Bruselas le expresó reiteradamente a RU que no puede ser parte de los beneficios comerciales de pertenecer al bloque comunitario sin las obligaciones que conllevan las otras libertades. Tras año y medio de tensas conversaciones entre la Comisión y Londres, ambas partes llegaron a un acuerdo en noviembre de 2018.

No obstante, el acuerdo preliminar entre la UE y RU necesita la aprobación del parlamento británico; cuya votación tendrá lugar el próximo 15 de enero. Cabe recordar que, en diciembre pasado, May logró sobreponerse a una moción de censura promovida por los parlamentarios que se oponen al acuerdo pactado con Bruselas, lo que le habría costado el puesto como primera ministra y hubiera añadido más incertidumbre a este proceso de divorcio.

No obstante, apenas el 8 de enero, el parlamento británico bloqueó “la capacidad económica del Ejecutivo para hacer frente a una salida de la Unión Europea sin acuerdo”. Y, el 9 de enero, el parlamento aprobó una enmienda que obliga a May a presentar un plan alterno en solo tres días, si se vota en contra del acuerdo alcanzado con Bruselas el próximo 15 de enero.

En virtud de lo anterior, cada vez se vuelve más posible la salida del Reino Unido de la UE sin un acuerdo. En este sentido, empresarios, inversionistas y tomadores de decisiones necesitan prepararse para tal escenario.

El primer gran reto de un Brexit sin acuerdo sería el congestionamiento aduanal. El libre movimiento de bienes ha generado un tráfico fluido y continuo de navíos en los puertos británicos. Al entrar en vigor el divorcio formal de RU de la UE, estos puertos tenderán a congestionarse dado que no habría libre circulación de mercancías. El gobierno británico ha asignado 100 millones de libras esterlinas para rentar ferris con objeto de aliviar el congestionamiento. Esto se hizo como plan de contingencia bajo el supuesto de que Francia imponga control aduanal en el puerto de Calais, provocando retrasos de varias horas en la descarga de buques británicos.

También existe incertidumbre sobre las consecuencias para los casi 4 millones de europeos viviendo en el Reino Unido. Una repatriación masiva de mano de obra puede llevar a descompensaciones importantes en el mercado laboral británico, afectando industrias como la química y la de automóviles; lo que generará mayores presiones inflacionarias para su economía. Recordemos que -de igual forma- se espera una desaceleración de su economía e incluso una posible recesión. Lo que sin duda también impactará a sus principales socios comerciales europeos: Alemania, Francia, Países Bajos, Bélgica e Irlanda. Lo anterior iría de la mano de un aumento generalizado en precios de importaciones por los costos arancelarios que impondría tanto Londres como la Unión Europea.

Por otro lado, ya se ha registrado una importante reducción en el precio de bienes raíces en Londres. Esto es indicativo de que empresas están buscando salir de territorio británico para continuar gozando de los beneficios legales y comerciales de pertenecer al mercado único europeo. Siendo The City la capital financiera de Europa, muchos inversionistas utilizaban al mercado británico como trampolín para expandir sus operaciones hacia el resto de la región. Ahora, estas empresas están moviendo sus inversiones hacia otros países europeos que les permitan este crecimiento.

Además, el divorcio con la Unión Europea resultará en costos que sobrepasan el ahorro de salirse. El Reino Unido estaría ahorrando aproximadamente 13 MME al dejar de pagar sus contribuciones como Estado de miembro. Sin embargo, tendrá que pagar a la UE una “cuota de divorcio” de más de 39 mil millones de libras esterlinas en compensación por el abandono a proyectos de infraestructura y presupuestos planeados para el largo plazo. Asimismo, dejará de ser beneficiario de los apoyos crediticios y subsidios de la Unión Europea a sectores como la agricultura, investigación y desarrollo, educación, proyectos de infraestructura verdes, entre otros.

Asimismo, hay que tomar en cuenta las consecuencias políticas al interior del RU. Aunque Irlanda del Norte votó mayoritariamente por permanecer dentro de la UE, será arrastrada al divorcio junto con el resto del Reino Unido. La incertidumbre sobre el restablecimiento de una frontera física entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte ha generado descontento y no se descartan posibles disturbios. Como parte de los planes de contingencia para un acuerdo sin salida, la policía irlandesa, en colaboración con la policía escocesa e inglesa, ya comenzaron entrenamientos para mantener la paz en esta frontera.

Al igual que Irlanda del Norte, los escoceses votaron por continuar siendo parte de la UE. Vale la pena recordar que en 2014 se llevó a cabo un referéndum en Escocia para decidir sobre su independencia del RU. Con el argumento de que una independencia los dejaría fuera de la UE, ganó el voto por no dejar el RU. Así, el Brexit abre la posibilidad de llevar a cabo un nuevo referéndum con fines de independizarse para solicitar su admisión al bloque comunitario europeo.

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Photo by Ethan Kent on Unsplash

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